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De café olvidado a grano de US$ 30.000: ¿por qué el Geisha se convirtió en objeto de deseo?

10 min de lectura
La Cosecha

El giro se produjo en las tierras de la familia Peterson. La Hacienda La Esmeralda plantó Geisha en las zonas más elevadas de la finca, por encima de los 1.650 metros de altitud, y en 2004, al separar la producción en pequeños lotes en lugar de mezclarla, descubrió un café que parecía no pertenecer a Centroamérica: poseía la exuberancia aromática asociada a los grandes cafés etíopes.

Daniel Peterson, gerente general de la hacienda, pensó inicialmente que aquel lote sería eliminado del Best of Panama por alejarse demasiado del perfil que entonces se esperaba de un café panameño. Ocurrió lo contrario: ganó la competencia y, en la subasta, alcanzó los US$ 46,30 por kilo, un récord para la época.

Fue el comienzo de una escalada extraordinaria. “Hace nueve años, el Geisha se vendía a US$ 180 por kilo. El año pasado alcanzó los US$ 30.000”, comparó el connoisseur Jorge Chanis, creador del evento La Cosecha, que acerca al consumidor al productor, al referirse a la velocidad con que se ha transformado el mercado.

Hoy la variedad se cultiva en distintos países, aunque no todos los ejemplares exhiben el perfil que hizo célebre a Panamá. Un estudio genómico publicado en 2025 reforzó la idea de que la genética, por sí sola, no explica su calidad: es la interacción de la planta con la altitud, la temperatura y otras condiciones ambientales las que ayudan a determinar su expresión sensorial.

En Boquete, principal región productora de Panamá, una serie de características crean microclimas distintos: montañas, suelos de origen volcánico, influencias climáticas de los océanos Pacífico y Atlántico y pequeñas variaciones de altitud.

En las zonas más elevadas, las noches frías ralentizan la maduración del fruto y favorecen la calidad del café, según explica Ricardo Koyner, de la hacienda Kotowa, cuya cumbre supera los 2.000 metros de altitud. El recordista de 2025 contribuye a llevar esta lógica al extremo: fue cultivado a 2.050 metros de altitud.

El grano que durante décadas casi nadie quiso sembrar terminó convirtiéndose en una demostración de que, en el café, la variedad, el terroir, la cosecha y el procesamiento pueden ser tan importantes como lo son en la producción del vino. El Geisha transformó a un país de producción diminuta en un referente mundial de los cafés de lujo.

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