El café está atravesando un cambio de paradigma. Durante mucho tiempo bastó con que fuera fuerte, caliente y capaz de espantar el sueño. Hoy, productores, investigadores y profesionales del sector comienzan a imaginar para esta bebida un camino similar al recorrido por el vino: tratar más de la variedad, la hacienda, los microlotes, el terroir, la cosecha, la fermentación y la tipicidad.
Es una transformación que ya puede observarse en Panamá, donde los cafés especiales han alcanzado precios inéditos —los más altos del mundo, con lotes que superan los US$ 30.000 por kilo— y donde los productores pasaron a investigar diferencias entre terrenos separados por pocos kilómetros.