1. Elegir el maíz adecuado: no todos los granos son iguales
Trabajamos con maíz cónico de la comunidad mazahua de Santa María Citendejé, de todos los colores, y también con cacahuacintle. La bodega principal está con mis padres en Santa María, donde el clima es más fresco. Ahí se limpia y se envasa el maíz en costales, y viaja por servicio privado hasta nuestras cocinas, donde nosotros mismos lo descargamos y acomodamos. Pedimos solo lo que podemos usar en poco tiempo. Cada maíz es distinto, y el primer error es asumir que todos son iguales.
Santa María Citendejé está en la zona norte del Estado de México, en el municipio de Jocotitlán, y su nombre viene del mazahua. El maíz cónico agrupa maíces de mazorca cónica o piramidal, con una gran variedad de colores: blancos, amarillos, morados y rojos. Se siembra en tierras altas y templadas del centro del país, sobre todo entre 1800 y 2800 metros, y se usa para tortillas, elotes y antojitos. Se cree que nació de la cruza natural entre el palomero toluqueño y el cacahuacintle. El cacahuacintle, por su parte, tiene un grano grande y harinoso, casi siempre blanco, aunque también los hay rosas y azules.
2. Dominar la nixtamalización: medir la cal y controlar la temperatura
La palabra nixtamal viene del náhuatl nextli, cenizas de cal, y tamalli, masa de maíz cocido, y las evidencias más antiguas del proceso se han encontrado en el sureste de México. No se sabe con exactitud cómo nació, pero se cree que empezó con cenizas, que con el tiempo se sustituyeron por cal. Antes que receta, es química: una reacción alcalina que ablanda el pericarpio, la cáscara del grano, para hacerlo comestible y poder molerlo. Además, lo vuelve más nutritivo: el maíz tiene niacina, pero casi toda está en una forma que el cuerpo no puede absorber, y la cal la libera. Por eso los pueblos mesoamericanos evitaron la pelagra, común donde se comía maíz sin nixtamalizar. El maíz nixtamalizado llega a tener hasta 30 veces más calcio, y la cal también reduce las micotoxinas del grano. Empezamos calentando el agua a unos 60 °C, porque si todo entra en frío la masa queda chiclosa y la tortilla forma burbujas extrañas. Pesamos el maíz y la cal, que va de 6 a 9 gramos por kilo de maíz según el color del grano. Luego apagamos la cal con agua para hacer el nixcomil, lo integramos al agua caliente y agregamos el maíz. A partir de ahí empieza el cuidado. Movemos constantemente y revisamos la temperatura con termómetro, pero también con la vista, el tacto, el olfato y el oído. Esto fue conocimiento empírico, transmitido de generación en generación, mucho antes de ser un proceso estandarizado. A quien llega nuevo le enseñamos las dos partes, la técnica y el ritual, como un químico que prepara una poción. Los errores más comunes son no pesar correctamente, calentar el agua de más, subir la temperatura demasiado rápido y guiarse solo por el termómetro sin revisar el grano con los sentidos.