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Pozole rojo: receta tradicional mexicana

Por
Fine Dining Lovers
Redacción
Dificultad
Intermedio
Tiempo total
3H 0MIN
Cocina
Ingredientes

Maíz nixtamalizado seco y pelado: 500 g

Carne de cerdo (maciza y con hueso: espinazo, costilla o cabeza): 1 kg

Cebolla blanca: 2

Cabezas de ajo: 4

Hojas de laurel: 4

Sal: al gusto

Agua: abundante

Chiles guajillo secos: 4

Dientes de ajo: 2

Orégano seco: 1½ cucharaditas

Agua de remojo de los chiles: cantidad necesaria

Rábanos: al gusto

Repollo: al gusto

Totopos: al gusto

El pozole rojo es un plato central de la cocina mexicana, de cocción lenta y sabores intensos, que suele prepararse con ocasión de fiestas patrias o celebraciones especiales

Sirve para 6

01.
Preparar y cocer el maíz

Dejar el remojo el maíz nixtamalizado toda la noche. Al día siguiente, escurrirlo y ponerlo en una olla grande con abundante agua. Hervir durante aproximadamente una 1 hora y media, hasta que los granos empiecen a abrirse. Retirar la espuma que se forme en la superficie y mantener el hervor constante.

02.
Preparar la carne

Mientras se cuece el maíz, trocear la carne de cerdo y lavarla muy bien en agua fría. Escurrirla bien antes de utilizarla para evitar impurezas en el caldo.

03.
Incorporar la carne y los aromáticos

Añadir la carne al maíz ya cocido. Agregar las cebollas partidas, las cabezas de ajo y las hojas de laurel. Salar ligeramente y dejar cocer a fuego medio hasta que la carne esté muy tierna, aproximadamente 1 hora.

04.
Preparar el mole rojo

Mientras se cocina la carne, hidratar los chiles guajillo en agua caliente hasta que estén suaves. Licuarlos con los dientes de ajo, el orégano, la sal y un poco del agua de remojo. Colar la salsa para obtener una textura fina.

05.
Integrar el mole al pozole

Añadir la salsa colada al caldo del pozole. Dejar hervir suavemente para que el chile se integre con el maíz y la carne. Ajustar de sal y continuar la cocción a fuego medio-bajo durante unos 30 minutos más.

06.
Finalizar la cocción

Retirar cebollas, los ajos y el laurel antes de servir. Mantener el pozole caliente hasta el momento de llevarlo a la mesa y servirlo en cazuelas o platos hondos.

Trucos y consejos

Una vez tengas listo el mole, fríelo ligeramente antes de añadirlo al caldo para obtener un sabor más intenso y completo. En cuanto a la carne, utiliza siempre carne con hueso: es la clave para conseguir un caldo con cuerpo y textura. Durante la cocción, añade el agua siempre caliente para no cortar el hervor y, si puedes, deja reposar el pozole unas horas o incluso hazlo de un día para otro, ya que con el reposo el sabor mejora notablemente.

Variantes

Si prefieres una versión más ligera, prepara el pozole rojo con pollo: sustituye el cerdo por muslos y piernas de pollo con piel y hueso, y añade cuellos o rabadillas para enriquecer el caldo. El proceso es el mismo, pero se reducen los tiempos de cocción. Retira el pollo cuando esté tierno, deshébralo y vuelve a incorporarlo al final para que quede jugoso.

Con qué acompañar el pozole rojo

El pozole rojo se disfruta aún más cuando se sirve como parte de una mesa pensada para compartir. Junto a los acompañamientos clásicos —cebolla blanca picada, cilantro, rábanos en rodajas finas, repollo o lechuga, orégano seco y limón y totopos—, es buena idea añadir contrastes que equilibren su intensidad. Una entrada fresca como el aguachile de gambas aporta acidez y ligereza antes del caldo, mientras que una michelada mexicana tradicional resulta el acompañamiento ideal para refrescar el paladar y realzar los sabores especiados del pozole.

Cómo conservar el pozole rojo

Guarda el pozole en el refrigerador, bien tapado, hasta 4 días. También puedes congelarlo sin problema durante varios meses, preferiblemente sin los acompañamientos. Para recalentarlo, hazlo a fuego medio y ajusta de sal antes de servir.

Origen del pozole rojo

El pozole, que proviene del náhuatl pozolli (espumoso), es un plato de origen prehispánico ligado a rituales religiosos en los que se preparaba el maíz, un alimento sagrado para los pueblos de la época. Con el paso del tiempo y tras la conquista española, comenzaron a incorporarse nuevos ingredientes, como la carne de cerdo o el pollo, y la receta fue evolucionando hasta dar lugar a distintas versiones regionales. En zonas como Jalisco, se añadieron a la receta chiles secos, como el guajillo, que acabaron por darle el color (y el nombre) a la receta. Así, el uso de este ingrediente pasó a ser el responsable del color intenso del plato y también de su sabor característico, que lo ha convertido en una de las preparaciones más emblemáticas de la cocina mexicana.

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