No incorpores todos los pescados y mariscos al mismo tiempo. Escalonar la cocción ayuda a conservar sus diferentes texturas: el pescado necesita quedar cocido sin deshacerse, mientras que camarones y otros mariscos pequeños requieren apenas unos minutos.
Los mejillones requieren una revisión especial. Antes de cocinar, descarta los que tengan el caparazón roto y aquellos abiertos que no se cierren al golpearlos suavemente. Durante la cocción ocurre lo contrario: desecha los que permanezcan cerrados una vez cocinados.
Deja que el tomate pierda parte de su agua y que el vino reduzca antes de incorporar el caldo. Así conseguirás una base más concentrada sin necesidad de prolongar después la cocción de los mariscos.
Cazuela de mariscos: un plato de puerto con varias versiones
La cazuela de mariscos está estrechamente ligada a las cocinas costeras, donde la pesca disponible determina en buena medida qué llega a la mesa. En Argentina, esta relación es especialmente visible en Mar del Plata, cuyo puerto y actividad pesquera favorecieron una gastronomía con fuerte presencia de pescados y mariscos. A ella contribuyeron también las comunidades inmigrantes, especialmente españolas e italianas, que incorporaron sus propias técnicas y preparaciones a los productos locales.
La cazuela refleja esa diversidad y no responde a una fórmula única: puede reunir calamares, mejillones, camarones, langostinos, almejas o pescado según la región y la disponibilidad. También cambia la base; algunas versiones recurren al tomate, el pimentón y el vino blanco, mientras que otras incorporan crema de leche para conseguir una salsa más untuosa.
El arroz es otra de las variantes posibles: puede servirse como acompañamiento o cocinarse dentro de la cazuela, ajustando la cantidad de líquido. Así, más que una combinación cerrada de ingredientes, el plato admite distintas interpretaciones según los productos y el estilo de cada cocina.
Si quieres completar la comida con otras preparaciones argentinas, el chimichurri de Don Julio es una salsa pensada para un contexto muy distinto —las carnes a la parrilla— pero igualmente representativa de la cocina del país. Para el postre, puedes seguir con el flan de Don Julio o explorar el dulce de leche, uno de los ingredientes dulces más reconocibles del recetario argentino.