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Cazuela de mariscos

Por
Fine Dining Lovers
Redacción
Dificultad
Intermedio
Tiempo total
1H 10MIN
Cocina
Ingredientes

Filetes de pescado blanco firme: 300 g

Calamar limpio: 300 g

Mejillones frescos enteros: 500 g

Camarones pelados: 250 g

Cebolla: 1

Morrón rojo: 1

Dientes de ajo: 2

Tomates triturades: 400 g

Vino blanco seco: 150 ml

Caldo de pescado: 500 ml

Aceite de oliva: 3 cucharadas

Pimentón dulce: 1 cucharadita

Hoja de laurel: 1

Perejil fresco: 1 manojo pequeño

Sal: al gusto

Pimienta negra: al gusto

La cazuela de mariscos reúne distintos sabores del mar en una preparación ideal para servir como plato principal. Descubre cómo prepararla paso a paso para que cada ingrediente conserve su textura y el conjunto resulte equilibrado

Sirve para 4 personas

01.

Revisa los mejillones, limpia bien el caparazón y desecha los que estén rotos o permanezcan abiertos después de darles un pequeño golpe. Corta el pescado en trozos grandes y el calamar en anillas. Prepara todos los mariscos antes de comenzar la cocción.

02.

Pica finamente la cebolla, el morrón y el ajo. Calienta el aceite de oliva en una cazuela amplia y sofríe las verduras a fuego medio hasta que estén tiernas, sin dejar que el ajo se queme.

03.

Añade el pimentón y remueve durante unos segundos. Incorpora los tomates triturados, el laurel, sal y pimienta, y cocina el tomate durante 10 minutos para que pierda parte de su agua.

04.

Vierte el vino blanco y deja que reduzca durante 2 a 3 minutos. Añade el caldo de pescado y cocina a fuego suave durante otros 10 minutos para concentrar la base de la cazuela.

05.

Incorpora las anillas de calamar y cocínalas en el caldo durante unos 5 minutos antes de añadir los ingredientes que necesitan menos tiempo.

06.

Añade los trozos de pescado y los mejillones, tapa la cazuela y cocina hasta que los mejillones se abran y el pescado esté opaco y se separe fácilmente en lascas. Desecha cualquier mejillón que permanezca cerrado después de la cocción.

07.

Incorpora los camarones y cocina durante 2 a 3 minutos, solo hasta que cambien de color y estén hechos. Prueba el caldo y ajusta de sal y pimienta.

08.

Retira el laurel, añade perejil fresco picado y sirve la cazuela de mariscos bien caliente, procurando repartir pescado y distintos mariscos en cada porción.

Trucos

No incorpores todos los pescados y mariscos al mismo tiempo. Escalonar la cocción ayuda a conservar sus diferentes texturas: el pescado necesita quedar cocido sin deshacerse, mientras que camarones y otros mariscos pequeños requieren apenas unos minutos.

Los mejillones requieren una revisión especial. Antes de cocinar, descarta los que tengan el caparazón roto y aquellos abiertos que no se cierren al golpearlos suavemente. Durante la cocción ocurre lo contrario: desecha los que permanezcan cerrados una vez cocinados.

Deja que el tomate pierda parte de su agua y que el vino reduzca antes de incorporar el caldo. Así conseguirás una base más concentrada sin necesidad de prolongar después la cocción de los mariscos.

Cazuela de mariscos: un plato de puerto con varias versiones

La cazuela de mariscos está estrechamente ligada a las cocinas costeras, donde la pesca disponible determina en buena medida qué llega a la mesa. En Argentina, esta relación es especialmente visible en Mar del Plata, cuyo puerto y actividad pesquera favorecieron una gastronomía con fuerte presencia de pescados y mariscos. A ella contribuyeron también las comunidades inmigrantes, especialmente españolas e italianas, que incorporaron sus propias técnicas y preparaciones a los productos locales.

La cazuela refleja esa diversidad y no responde a una fórmula única: puede reunir calamares, mejillones, camarones, langostinos, almejas o pescado según la región y la disponibilidad. También cambia la base; algunas versiones recurren al tomate, el pimentón y el vino blanco, mientras que otras incorporan crema de leche para conseguir una salsa más untuosa.

El arroz es otra de las variantes posibles: puede servirse como acompañamiento o cocinarse dentro de la cazuela, ajustando la cantidad de líquido. Así, más que una combinación cerrada de ingredientes, el plato admite distintas interpretaciones según los productos y el estilo de cada cocina.

Si quieres completar la comida con otras preparaciones argentinas, el chimichurri de Don Julio es una salsa pensada para un contexto muy distinto —las carnes a la parrilla— pero igualmente representativa de la cocina del país. Para el postre, puedes seguir con el flan de Don Julio o explorar el dulce de leche, uno de los ingredientes dulces más reconocibles del recetario argentino.

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