1. Todo empieza con una buena masa
Siempre digo que para conseguir un buen tamal hay que empezar por una buena masa. Y eso significa tener un buen maíz y un proceso de nixtamalización bien hecho.
La nixtamalización es una técnica tradicional mexicana que consiste en cocer el maíz en agua con cal de grado alimentario, dejarlo reposar y después lavarlo y molerlo. Este procedimiento permite obtener la masa que utilizamos para preparar tortillas, tamales y muchas otras elaboraciones. Mi recomendación es conseguir masa fresca de maíz nixtamalizado en una tortillería o molino de confianza. También pueden utilizar harina de maíz nixtamalizado especial para tamales, siguiendo las indicaciones del producto. Lo importante es que la masa sea homogénea, sin estar demasiado seca ni excesivamente húmeda.
2. La manteca de cerdo y el secreto del batido
Sé que muchas personas prefieren sustituir la manteca de cerdo por aceite, pero a mí me gusta utilizarla por el sabor y la textura que aporta. Eso sí, hay un paso fundamental: batir muy bien la masa con la manteca.
Para que tengan una referencia, yo utilizaría aproximadamente un kilo de masa de maíz por 300 gramos de manteca de cerdo. Puede parecer mucha, pero es una proporción que funciona bien para este tipo de tamales. A mí me gusta trabajar la mezcla con las manos. Hay que batir, batir y seguir batiendo hasta que la masa cambie de textura. Durante este proceso, la grasa se distribuye de manera uniforme y conseguimos incorporar aire, lo que ayuda a que el tamal quede más suave y esponjoso, sin resultar excesivamente compacto o grasoso. ¿Cómo sabemos que está lista? La masa debe adquirir una consistencia más ligera, aireada y homogénea. También existe una prueba tradicional: colocar una pequeña porción en un vaso con agua fría. Si flota, suele indicar que hemos incorporado suficiente aire, aunque también debemos comprobar su textura. Para mí, este es uno de los secretos más importantes de un buen tamal.