Picnic se esconde en un semisótano que pasa desapercibido en Lima. Hay que bajar unos escalones que te llevan directamente al bar. La coctelería siempre ha sido importante en los negocios de Rafael Osterling y aquí la barra vuelve a ser protagonista. Caminas unos pasos y, de pronto, estás en una terraza preciosa —pet friendly — que te aísla del ruido de la calle y te cambia el ánimo. En Picnic, Rafael vuelve a mostrar su ojo para el diseño con una estética campestre-elegante, con azul, madera, arte, objetos curiosos y luz natural.
Dentro de los restaurantes de Osterling en Lima —que también incluye Rafael, Rocco y El Mercado — Picnic es su propuesta más relajada. En este proyecto, además, comparte sociedad con el chef Rodrigo Alzamora, con quien ha ido consolidando algunos de sus restaurantes más recientes.
La carta no se casa con una sola cocina, se mueve con libertad entre ceviche, ensaladas, pollo frito coreano, curries, tacos y pastas. Hay una lógica de sabores que reconfortan, buen producto y técnica bien aplicada, visible en un buen rebozado o en una milanesa que mantiene intacto su empanizado incluso al cortarla. Comida que se deja compartir y que funciona tanto para un almuerzo rápido como para una cena de amigos, con coctelería clásica reversionada. El negroni de la casa es, con razón, uno de los más pedidos.
Picnic también es conocido por sus noches de pop ups con invitados de la industria, y en esas fechas Rafael se pone en modo DJ y el restaurante se transforma en una pequeña fiesta. Y como en todos los restaurantes de Osterling, es una obligación dejar espacio para los postres de Annia Ortiz, una de las mejores pasteleras del país.